Timlaser no es solo una empresa. Es una historia familiar que ha trascendido generaciones.
Todo comienza en 1979, en la ciudad de San Felipe, cuando el profesor Eduardo Vergara Bermúdez decidió emprender con una idea clara: ayudar a otros negocios a proyectar una imagen más profesional, confiable y sólida frente a sus clientes.
En esos primeros años, cada timbre se fabricaba con dedicación y oficio. Más que un producto, era una herramienta esencial para pequeños emprendedores que buscaban formalizar su trabajo y crecer.
Uno de los testimonios más valiosos de esa época es una boleta del 10 de febrero de 1981, donde un timbre tenía un valor de $120 pesos chilenos:
Ese documento representa mucho más que un precio. Es el reflejo de los inicios, del esfuerzo diario y de los primeros pasos de una empresa que comenzaba a construir su camino.
A lo largo de los años, Timlaser no solo creció como negocio, sino también como familia. Hoy, esa historia se ve reflejada en una imagen muy especial: cuatro generaciones reunidas en la entrada de Artemon Cifuentes 163, en San Felipe, el lugar donde todo comenzó.
Esa imagen no solo muestra personas. Muestra legado, continuidad y el valor de mantener viva una tradición a través del tiempo.
Hoy, combinamos esa herencia con tecnología de precisión, incorporando grabado láser y procesos modernos. Pero en esencia, seguimos siendo lo mismo: cercanía, compromiso y dedicación en cada detalle.
Porque entendemos que detrás de cada timbre hay mucho más que tinta.
Hay esfuerzo, identidad y sueños que merecen dejar huella.